Recuerdo muy bien la finca de Daniel. En la entrada un campo entero de amapolas y en cuanto entramos una pequeña perrita vino corriendo a recibirnos. Ya dentro se respiraba calma, incluso después de ver ya vestido a Daniel, aún tuvimos tiempo de visitar su secreto mejor guardado, un cultivo hidropónico de fresas que más que un invernadero parecía un escenario de rodaje perfecto.

La casa de los padres de María era totalmente distinta. Es lo que tienen las familias integradas por tres hermanas tan cercanas en un día de boda. El bullicio y la alegría no dejaban de sonar mientras poco a poco iban preparando a una novia clásica, de encaje blanco, y con una sonrisa que no le cabía.
Es hora de ir la Restaurante La Merced, perfectamente preparado y listo para la llegada de los invitados y de los novios. Daniel recibe deslumbrado a María, a pesar del cielo gris, y los ojos vidriosos ya empiezan a aparecer.
Entre rayos de sol y gotas de lluvia, Daniel y María se dan el sí quiero rodeados de familia y amigos. Lecturas emocionantes, traducciones al inglés un tanto especiales y la ceremonia de la arena.

Ceremonia de la arena. 
Lluvia de pétalos.

Las muestras de cariño entre ellos se suceden durante todo el día y no es para menos, el 19 de mayo de 2018 fue su gran día. Felicidades Daniel y María.
